Relatos

10. La azuru Misha Shu en… La soledad

Hace casi un año que escapamos de la estación intergaláctica a bordo de la Medusé. Hemos hecho más de veinte saltos pero apenas nos hemos alejado unos sesenta años luz de Aurigae. Avanzamos a paso de tortuga, haciendo saltos diminutos y aleatorios, a veces en sentidos opuestos. Ni siquiera maullamos cerca del sistema estelar transitado más próximo.


No sé cuánto tiempo podré seguir así. El resto de la tripulación me ignora. Hace meses, desde nuestras últimas “vacaciones”, que los demás azurus no me maúllan y Maille no se atreve a acercarse a mí. Por todos los espíritus, ¿qué hice? ¿Cómo pude comportarme así? Maille se había convertido en mi mejor amiga y ahora tres cicatrices cruzan su bonito rostro. Tres cicatrices que le hice con estas garras. ¡Miau! Jamás me lo podré perdonar. Tengo miedo de mi misma. ¿Y si nunca llego a ser capaz de controlarme? ¿Y si siempre termino haciendo daño a quien me quiere? Nadie querrá ser meu.


Todo esto es culpa de Asha, tan esbelta y orgullosa, con su pelaje a manchas tricolor, tan exótica y dominante. Ella cumple las tradiciones a rajatabla y le resulta fácil, parecen diseñadas para su perfil. Los espíritus la adoran. Yo siempre me he esforzado tanto para maullar a los espíritus. Sé que algunos todavía me quieren o no seguiría viva pero no puedo soportar que Vish y Maille no maúllen más por mí. Los espíritus que habitan esta nave la prefieren a ella, eso es evidente.


Durante las comidas, los reclutas nos acompañan. Skar siempre come solo en un rincón del comedor. Los demás maúllan en torno a una mesa y comen juntos. Yo solía reunirme con ellos, pero cada vez que lo hago me siento peor. Esta noche tomo asiento junto a Skar.

- Miau, que aproveche. - la verdad es que es bastante asqueroso verlo comer. Se me quita el apetito. Ahora entiendo porqué está marginado.

- ¿Qué quieres? Crik.

- Yo también maúllo sola y he pensado que juntos estaríamos más acompañados.

- Tal vez yo no necesite compañía. - qué borde es.

- ¡Miau! Ya te dejo solo pero, ¿podrías hacerme un favor? ¿Podrías maullar con los instructores y decirles que quiero ser recluta?

- Crik.

Me aparto a comer sola y lloro. Cuando termino de comer, el joven James se me acerca y maúlla.

- Miau Misha. ¿Por qué no has cenado con nosotros?

- Estoy triste James. Nadie quiere maullar conmigo.

- Sabes que a mi me gustas, ¿verdad?

Es justo lo que necesitaba oír. Arranco a llorar y ronronear a la vez. Froto mi frente en el hombro de James y él me acaricia con ternura.

- La próxima vez siéntate conmigo y con mi madre.

Esa noche me duermo entre maullidos y sollozos, pero estoy más relajada. Al tomar la decisión de alistarme como recluta parece que todo vuelve a encajar de nuevo. Así me mantendré ocupada y cercana a Vish.


Al poco de despertar, me maúllan en el puente. Me visto adecuadamente y me dirijo hacia allí. Al entrar, me encuentro al comandante Edros y la primer oficial Skorzy.

- Así que quieres ser recluta. - infiere Edros.

- ¡Miu señor!

- ¿Por qué ahora?

- Mi vida como civil carece de sentido, señor.

- Está bien. Inscríbase en ese panel.

Cuando termino de inscribirme como militar, me mandan recoger mi equipo, vestir el uniforme y maullar con el resto de reclutas durante el entrenamiento. Scar es el recluta designado para acompañarme y entregarme mi equipo.

- Miau, gracias.

- Crik.


No me imaginaba que el entrenamiento fuera tan duro. El resto de reclutas lleva casi un año a este ritmo y ya están acostumbrados. Yo, sin embargo, maúllo ridículo. Las primeras semanas son lo peor. Vish y Asha siguen sin maullarme pero al menos, por las noches, estoy tan cansada que me duermo enseguida. Al cabo de dos meses ya empiezo a sentirme mejor. Más fuerte, más ágil y más capaz de aguantar el entrenamiento.


Mientras entrenamos, Carlos se muestra muy amable conmigo. Conozco su reputación y sé que es un poco yonki pero no sé qué pensar. Mañana tenemos permiso de descanso y esta noche me ha invitado a su camarote. Llamo a su puerta y me maúlla sonriente. No es feo, descuidado tal vez. Lleva una ligera barba y su cabello largo y de color negro intenso, en contraste con su piel clara y esos ojos azules, le da cierto misterio.

- Hola Misha. Bienvenida a mi paraíso.

Ay mi miau. Lo que tiene montado aquí. ¿Este tío sabe que el viridian es capaz de sintetizar narcóticos? Menuda plantación hidropónica, ¡con su laboratorio y todo! Esto, su cama y su baño es su camarote. Pero si apenas se puede andar.

- Últimamente solo me coloco cuando tengo permiso. Ya sabes, el entrenamiento es muy duro. Pero sigo teniendo todo esto aquí.

- ¿Por qué? Hay destilados de sobra en el bar y el viridan puede sintetizar narcóticos.

- Si, pero no los que yo quiero. ¿Quieres tomar algo? Tengo hierba gatera.

- ¿En serio? - no había olido hierba gatera desde que nos despedimos de la tribu.

- Si, ¿quieres un poco?

- Miu.

Que bien huele la hierba gatera. Me recuerda a mi hogar. Tiene un olor leve pero si la muerdes un poco se intensifica. Ronroneo. Carlos se prepara lo suyo y se tumba en la cama.

- Se está bien, ¿verdad? ¿Quieres que te prepare una infusión de hierba gatera y valeriana?

- Si, por favor. Me maulla mucho.

El olor de la infusión inunda toda la sala. Es como si estuviera en un bosque, en una colonia azuru. Su sabor, mmm…


Nos tumbamos en la cama y dejo que Carlos me acaricie el lomo mientras ronroneo. Pasamos la noche maullando, acariciándonos y tomando. Le cuento mis penas y él me cuenta que también está solo y que soy la primera en quien confía desde que despegamos con la Medusé. En un momento dado, Carlos se excita pero me niego al sexo. No confío en poder controlarme y no quiero hacerle daño. Cerca del mediodía, me despierto en su camarote, me despido de él y me voy a comer.


Durante las siguientes semanas, Carlos y yo nos reunimos cuando tenemos permiso. He de reconocer que me lo pasaba mejor con Maille pero ya no me maúlla. El resto de mi tiempo libre lo paso con Olivia y James. Cuando les cuento lo mío con Carlos, Olivia me advierte que no es de fiar y que no debería maullar con él. No lo entiende, ella tiene a su hijo, no puede saber lo que es sentirse tan sola.


Tras uno de los innumerables saltos que hacemos, Eriz nos informa que ha encontrado una bioesfera. Está en un planeta rocoso orbitando en la zona habitable de una estrella. ¡Me hace mucha ilusión! Como ahora soy recluta, seguramente pueda maullar al aire libre. Antes de nuestro primer descenso, el comandante Edros nos reúne y Skorzy nos maúlla la situación. El planeta está poblado por seres aparentemente civilizados pero que no usan la electricidad para iluminarse ni emiten ondas de no se que tipo. O sea que es una sociedad primitiva. Han maullado un punto de descenso que parece seguro, alejado de todo poblado.


Descendemos todos los reclutas, Skorzy y Xcher. El comandante ha decidido poner todo el pescado por si hubiera enfrentamientos. Estoy emocionada. Si se da, será la primera vez que maúlle en combate. Al llegar abajo y anclar la cápsula de descenso, un grupo de simians con aspecto primitivo se nos acerca tímidamente.

- ¿Sois dioses? - logro entender.

- Si, lo somos. - les responde Skorzy.

Los simians huyen despavoridos.

- ¿Por qué les has mentido? - le maúllo.

- Si son politeístas nos dejarán en paz o, en el mejor de los casoss, nos ayudarán a extraer los recursoss que necesitamos. Creeme, los reptilianoss ya hemos hecho esto antes.


Exploramos los alrededores, capturando imágenes y muestras de toda la flora y la fauna aunque aquí hay poco que hacer. El planeta es bonito. El cielo es azul y las nubes blancas pero poco más puedo maullar. La playa en la que hemos descendido da pie a un desierto de arena que se extiende más allá de lo que puedo ver. Skorzy decide que sigamos a los aldeanos para recabar más información. Seguimos su rastro durante horas.


Al subir a una duna, vemos en el horizonte a un grupo de simians armados con armas blancas primitivas acompañados de lo que parece ser un sacerdote y montados sobre una especie de equinos. Al vernos maúllan hacia nosotros rápidamente. Se detienen a pocos metros de nosotros.

- ¿Sois los dioses?

Skorzy se adelanta al resto de nosotros y dice.

- Nosotros somos los diosess.

- Eso es imposible. - responde el sacerdote. - ¡Mentís! Solo hay un dios. Muerte a los falsos dioses. ¡Por Dios nuestro señor!

- ¡Por nuestro señor! - Gritan los demás y entran en carga.

- Mierda, son monoteístas. ¡Retirada! - exclama Skorzy.


Corremos por el desierto mientras Skorzy y Xcher cargan contra ellos. Derriban a todos los equinos en apenas segundos y vuelven con nosotros. Están muy fatigadas, no sé si podrán aguantar hasta el final, pero debemos seguir corriendo. Los simians nos persiguen a pie. Asha encabeza nuestro grupo, Skorzy y Xcher lo cierran. Entonces, Asha se detiene y apunta su arma hacia los simians. Dispara a dos de ellos, les acierta en el muslo y se queda en retaguardia. Los demás simians, asustados, se detienen a maullar a sus heridos. Conseguimos evadirnos y llegar a la cápsula de descenso.


De vuelta a la Medusé, nos dan el siguiente día de permiso para descanso. Maúllo la noche con Carlos.


Al día siguiente, mientras me doy una ducha en mi camarote noto algo. No puede ser… Carlos me ha violado. Yo no dí consentimiento. Debió añadir algo a la infusión y me maulló mientras dormía. ¿Cuantas veces lo habrá hecho sin que me diese cuenta? No quiero ni pensarlo. ¡No quiero ni verlo! ¿¡Por qué yo!? ¿Por qué me maúllan estas cosas a mi? Debo ser horrible, los espíritus no me quieren. No tengo lugar. Pero, ¿qué hago? No puedo renunciar a todo. Todavía amo a mis espíritus, todavía quiero seguir viva.


Me dirijo al puente para hablar con el comandante Edros. En cuanto entro me maulla un rapapolvo por ir al puente sin ser requerida. Le expongo el caso y me responde que él no interviene en los asuntos privados de la tripulación. Dice que es nuestra responsabilidad organizarnos adecuadamente. ¡Maldito Edros! Vuelvo a estar sola.


Solo me quedan dos personas en quien confiar en esta nave, James y Olivia. ¿Qué podrán maullar por mi? Los busco por la nave. Están en la sala de ingeniería cuatro junto con Aurea, el viridian y el machina sapiens.

- Miau… ¿Qué puedo acompañaros?

- ¿Estas bien Misha? - me pregunta Olivia. - Nunca te había interesado la sala de ingeniería.

- No… Mi i - y se me escapa un sollozo.

James se acerca a mí con intención de abrazarme.

- Pff. No te acerques. No sé cómo podría reaccionar.

- Tranquila Misha. Cuéntanos, ¿qué te ha pasado?

Les cuento lo que ha sucedido. Esperaba que Olivia maullase que me lo había advertido pero no lo hace. El viridian me manda un mensaje que dice “todo se puede superar mientras hay espíritu”.

- Si quieres, puedes dormir en mi camarote una temporada. - me ofrece Olivia.

- Te ofrezco mi apoyo en los entrenamientos conjuntos. - añade el machina sapiens.

- Gracias. Miau. Me siento mejor.

James me acaricia debajo de la oreja y empiezo a ronronear. Por fin… Temí que nunca más fuese capaz de hacerlo.


Fin del décimo capítulo.


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