Relatos

8. La simian Maille en… Las vacaciones

¡Estoy hasta el mismísimo potorro! Seis meses y medio encerrada en esta nave sin nada más que hacer que procesar los preparados alimenticios para nuestros “soldados”, cambiar alguna que otra bombilla, desatascar algún retrete, hacer limpieza…


Y los militares no hacen nada, por supuesto. Solo entrenan y se dedican a dar órdenes. Eso sí, se llevan toda la diversión. Hace cinco meses, cuando llegamos a Aurigae IV, ellos fueron los únicos que visitaron ese satélite en órbita al planeta gaseoso Aurigae IV-3. ¡Menudas vacaciones! Casi un més atorados ahí y los civiles no pudimos visitarlo. Dijeron que era precioso. Trajeron comida y combustible, pero ni siquiera eso lo hicieron ellos. Fue el doctor Dom’jar quien encontró y clasificó todo lo que había que recolectar y fueron robots quienes hicieron toda la faena. Ellos solo “vigilaban”.


Cierto que se han enfrentado a los zajanos en dos ocasiones y que el soldado de Skar murió. De todas formas nosotros no podemos hacer gran cosa. Los militares tienen las armas, saben pilotar la Medusé y son lo único que nos protege de los zajanos. También es cierto que el recluta azuru, el que se llama Vish, es muy mono.


Los zajanos han estado tranquilos los últimos meses, algo estarán tramando. Hemos hecho unos doce saltos pero no hemos encontrado ningún otro astro al que poder descender. Necesito descansar de tanto aburrimiento. Esta noche he quedado con Misha en el bar de la zona de recreo. Vamos a pillarnos una buena turca.


- ¡Misha! Miau. - le saludo en cuanto llego al bar. Ella está detrás de la barra sirviendo un par de copas. Su postura y sus movimientos son bellos, sensuales, con su pelaje azul rayado de blanco. Me flipan los azurus.

- ¡Meu! - responde ella. - Estás preciosa. ¿Cómo maulló el día?

- Va calla. Sabes de sobra que la más bonita de esta nave eres tu.

Solo con eso ya empieza a ronronear. Es tan facilona, ¡Me encanta!

- Pues el día ya sabes, lo de siempre. Empiezo a estar un poco depre. Me aburro mucho…

- Para eso estamos aquí, ¿no? Toma, para tí. - y me acerca una copa. - Maúlla dos de estas o tres y tus problemas desaparecerán.

- Brindo por ello.

Nos sentamos en un sofá y bebemos. Estamos solas en el bar, como no. En su momento esta nave debía estar muy concurrida. Este bar debía tener por lo menos diez o quince camareros. Hoy solo estamos Misha y yo. Bueno, borrachera gratis.


Misha ronronea y apoya su cabeza entre mis piernas. La acaricio mientras sigo bebiendo.

- ¿Porqué crees que Vish ya no maúlla por mí? - me pregunta. Le debe estar dando el bajón. - Antes teníamos nuestros momentos, ¿sabes? Antes del accidente de los sapos en la estación.

- Lo sé, ya me lo has contado. Y qué sé yo porqué no te hace caso. Pasa de él. - deja de ronronear y responde.

- ¿Ya no es miau?

- Jue tía. Me estás rallando. Yo creía que habíamos quedado para pasar de los problemas.

- Lo siento, mia.

- Necesitamos otra copa más.

Me levanto, me acerco a la barra y sirvo un par de combinados más. Pongo en reproducción la lista de nuestras canciones favoritas para bailar. Ella sigue tumbada en el sofá. En cuanto suena la primera canción, las orejas de Misha se levantan y su cuerpo empieza a moverse siguiendo el ritmo. Voy hacia ella, le doy su copa y nos ponemos a bailar. Me encanta bailar con Misha. Es catártico. No solo se mueve al ritmo de la música. Se revuelca por el suelo, da saltos, volteretas y todo lo que hace es precioso o adorable. Me inspira a hacer locuras en la pista de baile intentando imitarla. Es muy divertido.


A la mañana siguiente, me despierta el estruendo de los altavoces de la nave.

- Diert al habla. Volveremos a saltar en busca de un astro con signos de vida. El salto está programado para dentro de cinco minutos.

Oh no, mierda, resaca. Bebo mucha agua y voy al baño.

- El salto se realizará en cinco segundos. - informa Diert por el altavoz.

Suelto el vómito en la taza del váter.

- El salto se ha llevado a cabo sin ningún contratiempo. - continúa Diert. - Nos encontramos en órbita a una enana marrón no clasificada, a 28.64 años luz de Aurigae en dirección rojo. - Gracias, me alegro mucho…


Una enana marrón, ¡una maldita enana marrón! Uno de los lugares donde es más difícil encontrar vida. ¿Puede ser que empiece a añorar cuando vivía en la estación intergalactica de Aurigae? Detesto saltar. Dicen que no se siente nada y es cierto. Solo se siente una profunda decepción tras cada salto. Vivimos aislados en esta jodida nave. ¿Qué más da estar en esta maldita enana marrón que en cualquier otro sitio? Todavía queda alimento para meses y en los sistemas a los que llegamos se suele encontrar combustible pero, ¿de qué nos sirve? Aquí tan solo… Estamos.


Tras cinco días explorando los alrededores del astro, el comandante Edros nos ordena a todos los tripulantes reunirnos con él en el puente. Creo que será la tercera o la cuarta vez que lo vea desde que estamos en la Medusé. ¿Cómo puede ser? Descontando a los zajanos y al vorbón, sólo somos dieciséis en esta nave. Sólo sé que él da las órdenes y los militares las cumplen y que, algunas veces, habla por los altavoces de la nave. Es como una especie de ser mitológico. “El comandante Edros”, ja.


¡Qué dramatismo! Se espera a que estemos todos en el puente para darse la vuelta y saludar.

- Bienvenidos al puente, tripulación de la Medusé. Sóis una buena tripulación y os merecéis un descanso. El oficial médico os dará los detalles. Eriz, ¡habla!

- Señor. He prescrito descanso y reposo a toda la tripulación civil y a los reclutas. Como oficial médico, es mi deber y mi responsabilidad asegurar la salud física y mental de nuestra tripulación.

Los calderanos me caen bien. Van muy de listos pero son majetes.

- También he encontrado un astro con vida.

- No puede ser. - interrumpe James. - Las probabilidades de encontrar vida orbitando una enana marrón son muy bajas.

- Esa afirmación es correcta jovencito. En este caso concreto se da sin embargo. Este es una especie curiosa de sistema binario entre una enana marrón y un planeta gaseoso de gran tamaño. El astro que contiene vida es un satélite que orbita a gran velocidad muy cerca de la superficie del planeta. Mi receta para mantener la moral de la tripulación es descender a ese satélite.

Por si la noticia no fuera suficiente choc. El doctor Eriz Dom’jar continua:

- Parece estar habitado por seres que conocen el uso de la electricidad. Sus ciudades brillan incluso de día lo que indica que no están visualmente adaptados a la luz infrarroja que llega de la pseudo estrella. El resto de vida autóctona si que parece estarlo. Mi hipótesis es que se trata de refugiados, gentes de nuestras especies.

- Debemos asegurarnos. - infiere Edros. - Procede primero una exploración militar. Todos los oficiales, soldados y pilotos, conmigo. Los civiles y los reclutas, fuera del puente. ¡Volved al trabajo!


Claro. Después de darnos el notición, a hacernos esperar. Ellos descienden, hacen sus cosas, discuten y nosotros con la misma rutina de siempre. Tras dos semanas de larga espera, por fin llega el gran momento.


Durante estas semanas nos han instruido para que podamos usar las cápsulas de descenso. Nos había quedado claro, es desagradable. Pero no sabes cuánto hasta que no las usas. Bajas a toda ostia, ahora te empuja hacia atrás, ahora hacia adelante o hacia los lados, sensación de vértigo y mareo. Luego, cuando ya va frenando, eso empieza a hacer el péndulo. Es pisar el suelo y vomitar. Esta vez no he bebido ni gota, lo juro.


Abajo nos espera una pequeña comitiva. Son dos azurus, dos simians y una calderana. No van armados ni parecen agresivos o a la defensiva. Más bien parecen unos hippies, vistiendo ropa blanca, ligerita y vaporosa, decorados con flores y colorines. La calderana se dirige a nosotros:

- Bienvenidos visitantes. Los que os precedían nos han informado de vuestra situación. Aquí podréis descansar. Seguidnos, os acompañaremos a conocer nuestra ciudad.


Tenemos permiso para permanecer en este satélite dos semanas. A pesar de la constante oscuridad de color rojizo, este lugar es el paraíso. La mayoría de los que viven aquí son azurus o simians. También hay algunos calderanos, algunos viridians y algún que otro cerebro volador según nos informan nuestros guías. No existe la propiedad más allá de lo que uses o hagas con tus manos y para comerciar utilizan el intercambio directo. Eso sí, está totalmente prohibido usar la violencia. No sé cómo hacen cumplir esta ley sin que nadie pueda usar la violencia pero todos parecen felices y dóciles. Sus gentes siempre están dispuestos a ofrecer su ayuda. Por ejemplo, si tienes hambre solo tienes que preguntar por comida, siempre alguien te ofrece y te dice “qué me traes a cambio”. No quieren dinero. Quieren una canción, una conversación o algo que hayas hecho tu. Una vez respondí “un beso” y le planté un morreo en los labios y, ¡coló!


En el pasado, nuestros anfitriones habían formado parte de la civilización viridian. Unos pocos viridian decidieron quedarse en este satélite, junto con algunos simians, azurus y calderanos, cuando la especie saltó hace una par de siglos. Desde entonces viven aquí, en paz y harmonía. Les encanta lo peculiar de su hogar. Además, al orbitar una estrella tan poco masiva, es muy improbable que una nave los encuentre así que no tienen que preocuparse por amenazas del exterior. Hoy en día, la mayoría son simians y azurus porque… esto… son los que más… Los que más se reproducen, como dijo Eriz.


En el exterior de las ciudades todo se ve oscuro y rojo, los bosques parecen lúgubres y las montañas tenebrosas, pero bajo la luz visible de un sencillo fuego los árboles traen paz y las flores son de colores. Lástima que nuestra viridian no pueda usar las cápsulas de descenso. Le hubiera entusiasmado.


Hace diez días que estamos aquí. La verdad es que me estoy divirtiendo. Ligué un par de veces ya. La primera con un azuru muy apuesto. Tuve que dejarlo pues le costaba mantener sus garras escondidas cuando se excitaba. Luego me lié con un humano como yo. No es muy guapo pero lo compensa con su buen humor y su habilidad en la cama.


He pasado mucho tiempo con Misha estos días. Está muy rallada pues Vish pasa de ella. No entiende cómo no ha aprovechado estos días para liarse con ella, que ella se lo propuso pero él se negó. Los reclutas nos eluden. Scar, Vish y Asha van a su bola. Entiendo que Misha esté triste, los de su propia especie parece que le dan la espalda.


Carlos se une a nosotras alguna que otra vez. Creo que intenta pillar cacho pero siempre va demasiado colocado. Nosotras tomamos algo de vez en cuando pero no somos unas yonkis como él. Además, conocemos su reputación. No nos interesa.


Scar pasa la mayor parte de su tiempo con los viridians. No sé si está triste, cansado o aburrido. Desde que su soldado murió que no ha vuelto a ser el mismo. La verdad es que me intimida un poco estar cerca de él. ¡Es un bicharraco de más de dos metros! A pesar de tener un torso con aspecto humanoide, su abdomen es como el de una cucaracha con pinzas y su cara no es agradable de ver. Parece una mantis extraña.


La familia feliz, Olivia y su hijo James, pasan la mayor parte del tiempo con los cerebros voladores que habitan este satélite. Los cerebros llegaron después de que se estableciera la colonia y se quedaron para ayudar a trascender a los viridians. Es una especie de experimento. Ningún viridian ha trascendido en toda la historia galáctica y quieren saber porqué. Tienen pocos seguidores pues aquí la gente prefiere la psique viridian a su mejunje y ritual, pero no cesan en su empeño. Supongo que Olivia quiere que su hijo mantenga el contacto con sus tradiciones.


Misha y yo hemos quedado para salir a petarlo esta noche. Nos acercamos a una plaza donde se oye música. Hay una banda tocando y todo el mundo está festejando. Preguntamos por el motivo de esta fiesta pero nos responden lo de siempre, “no hacen falta motivos para ser feliz”. Se ve que esto de improvisar fiestas porque sí es algo que les va mucho en este satélite. Mola.


Vemos en un rincón de la plaza a Vish y Asha. Están hablando.

- Así que es por eso. ¡Por eso me ignora! Vish maúlla por Asha… - dice Misha.

Vish agarra a Asha del hombro como para comfirmarlo.

- No te ralles tía. Pasa de ellos.

- No no no, esto es bueno, jijiji. Ya verás quien maúlla al final.

Cómo si se tratara de la predicción de una adivina. Lo siguiente que vemos es que Asha se zafa de Vish fácilmente, le hecha un bufido mientras lo empuja y se larga. Vish se queda pensativo y cabizbajo.

- Esta es la mía.

Tras decir eso, Misha se va con Vish. Al acercarse, Vish le bufa y ella se detiene. Parece que le pregunta algo y Vish responde con otro bufido. Misha se da la vuelta y se dirige hacia mí con la cara llorosa. Es la reina del drama.

- ¿Porqué? ¡miau! ¿Porque no me maúlla? Debo de ser horrible y muy mala persona…

- Venga va… Si sabes que eres preciosa y un encanto… - le respondo.

- ¿Lo dices en serio?

- ¡Claro! Eres mi favorita. Oye, ¿Por qué no intento hablar yo con Vish? Tal vez le convenza de mi punto de vista. Asha es una estirada.

- ¿De verdad harías eso? ¿Maullarás por mí?

- Si, lo haré.

En menudo follón me he metido.


Me acerco a Vish que sigue con su actitud depre. Misha nos observa desde la distancia. La música de la banda suena de fondo. Es una canción romántica, para bailar agarrados.

- Miau Vish.

- Miau Maille. - dice mientras ladea su cabeza para mirarme.

- Oye, no quiero entrometerme si tu no quieres pero Misha está destrozada. ¿Qué te pasa tio?

- Misha no tiene nada que ver…

- Bueno, a mi me importa, ¿sabes? Es mi amiga y yo tengo que soportarla. Ya sabes como es.

- Lo siento. Miau. No era mi intención hacerle daño ni molestarte.

- Ok, está bien, pero cuéntame, ¿qué te pasa?

- Estoy enfadado y frustrado. Me estoy reprimiendo las ganas de maullar y de sacar las garras.

- Vale chico. Tranquilo. Lo primero que debes hacer es relajarte un poco. Sentémonos. - me siento y le invito a hacerlo. - ¿Has visto este lugar? ¿Has disfrutado de sus gentes y sus extraños paisajes? Escucha la música. Todo aquí es inofensivo y placentero. Solamente relájate y pásalo bien.

- Tienes razón… Pero no puedo dejar de maullar por Asha. Por ella me alisté como militar. ¿Qué estoy haciendo? ¿Estoy perdiendo el tiempo? - parece que se ha calmado un poco.

- ¡Que va! Te has puesto muy bueno, jeje.

- Maullo en serio.

- Mira, tienes que olvidarte de Asha. Encuentra tus propios motivos. Eres muy joven todavía para llevar esta carga. Mira a Misha. Ella es libre como unas vacaciones, solo atada a sus propios deseos.

- Como todos, ¿no?

- No quería decir eso. Vale, ¿quieres algo? Lucha por ello y no te rindas. - le pongo la mano en el hombro para dar énfasis a mi discurso. - Pero, qué hay de malo en no conseguirlo a la primera. Puedes seguir intentándolo. Eso no significa que debas torturarte. Puedes disfrutar de la vida mientras tanto. Tener aventuras, vivir experiencias, gozar y seguir intentándolo.

- ¿De verdad?

- Seguro. Además, lo que sucede en una enana marrón se queda en ella, ¿no?

Vish empieza a ronronear y acerca su frente a la mía. Le acaricio el hombro y frotamos nuestras frentes. Su pelo es tan largo y suave...


- ¿Miau? Miau, Miaauu. - Misha empieza a maullar con voz grave mientras se acerca a nosotros. Me separo de Vish. Él no se da cuenta y sigue ronroneando. - Meeeu, ¡Meeuu! ¡Es mio! ¡Pfffff!

Misha me agarra del brazo, me araña en la cara y me derriba. El dolor es insufrible. Por poco no me saca un ojo. Asha aparece corriendo entre la multitud y se pone entre Misha y yo, enfrentándose a ella. Misha tiene las garras desplegadas y está en posición agresiva, enseñando los colmillos y con el pelo erizado. Asha acerca su cara a la de Misha sin alterarse.

- ¿¡Qué estás haciendo!? ¡Pff! - le enseña los colmillos y los vuelve a esconder. - ¡Nos estás humillando! Eres tan ególatra que insultas a nuestras tradiciones. No te comportas como una hija digna de la tribu. Los espíritus se avergüenzan de ti.

Misha esconde las garras y baja la cabeza.

- Vish es meu…

- ¡Ya no te maúlla! Recuerda nuestra tradición. Lo que es mío es mío hasta que deja de ser meu. Deja de avergonzarle.

Misha se deja caer al suelo y se revuelca mientras arranca a llorar y maúlla. Asha se larga con actitud altiva. Yo estoy en el suelo junto a Misha con la cara ensangrentada y desfigurada. Pierdo la conciencia.


Cuando recobro el sentido, estamos de vuelta en la Medusé. Me operaron de urgencia y las heridas cicatrizan bien. El doctor Dom’jar hizo un buen trabajo. Ya no tengo la cara desfigurada pero las cicatrices quedarán para toda la vida. Nos han expulsado del satélite por usar la violencia… Lástima. Me estaba planteando quedarme allí.


De vuelta a la rutina y de vuelta al aburrimiento. Misha ya no me habla ni yo a ella. Lo prefiero así, sinceramente. Me da miedo acercarme a ella. Sin embargo, últimamente Vish me visita de vez en cuando en mi camarote. Parece que le gusto. Es un buen tío. Entiendo que Misha se colase por él. A pesar de todo, lo pasamos bien en el satélite bajo la roja luz de esa enana marrón. Siempre tendré mis cicatrices para recordar esas magníficas vacaciones.


Fin del octavo capítulo.


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