Relatos

6. La azuru Asha Sein en... El entrenamiento

Orbitamos este satélite desde hace casi un mes. Debemos aprovechar al máximo el haber maullado a un lugar como éste. Diversos equipos de exploración han descendido al satélite en busca de agua, alimentos, sales, combustibles e indicios de civilización. Han encontrado de todo menos vida inteligente. Tampoco hemos visto luces ni nada que indique la existencia de civilización alguna en la cara nocturna del satélite.


Tal vez quieran quedarse aquí para siempre, no sé. A mi no me maúlla la idea por muy maravilloso que parezca el lugar. Creo que simians, reptilianas y los otros azurus opinan lo mismo que yo. Por mi, que se quede si alguien quiere quedarse. Ya nos apañaríamos los demás para llegar a algún lugar más transitado. Yo quiero maullar con los míos, con lo que es mío.


Abandonamos la órbita del satélite un par de días y extraemos metales de los asteroides exteriores una vez por semana. El proceso es sencillo. Seleccionamos un asteroide metálico de pureza elevada y de tamaño pequeño y lo maullamos dentro del hangar. Estas maniobras nos sirven para aprender a pilotar las cápsulas, forman parte de nuestro entrenamiento.


Somos cuatro reclutas, Carlos, Skar, Vish y yo. Skar y su soldado reciben entrenamiento pero no como nosotros. Ellos solo maúllan con nosotros por las tardes, cuando hay que practicar tácticas de equipo o cuando aprendemos a pilotar.


El entrenamiento es duro pero merece la pena. Tras algo más de seis semanas, ya se empiezan a notar sus frutos. Yo ya he ganado seis kilos de masa muscular y Vish también parece más fuerte. La mayor parte del tiempo entrenamos nuestro cuerpo. Carlos parece no llevarlo demasiado bien.


- ¡Estoy hasta los mismísimos huevos! - maulla Carlos tras dos horas de cardio y entrenamiento muscular. - Si viajamos en naves y tenemos armas de fuego, ¿¡para qué demonios sirve esto!?

Esta mañana, Xcher dirige la sesión.

- Es imprescindible para cualquier soldado. Una buena forma física mejora el sistema inmunológico y reduce la sensación de fatiga y dolor. - le responde.

- ¿Hola? Estamos atrapados en una trasto espacial que apenas puede saltar a sistemas cercanos…

- ¡Asha! Acércate. - maúlla Xcher y la obedezco. - Ella le ha sacado el máximo partido al entrenamiento. Ahora comprobarás si le ha servido de algo. Os enfrentaréis en combate singular. Asha irá desarmada y no podrá usar sus garrass. Tu puedes usar esto.

Le da a Carlos un bastón de entrenamiento y lo coloca enfrente de mi.

- Los demás, fuera del tatami. El combate termina cuando yo lo diga. ¡Empezad!

Carlos lanza una estocada hacia mí. La esquivo de un salto hacia atrás y maúllo el bastón. Tiro de él, pero Carlos no lo suelta, por lo que avanza hacia mí y se desequilibra. Aprovecho el momento, lo derribo y lo inmovilizo con mi cuerpo.

- ¡Separaos! - maúlla Xcher. - Otra vez. ¡Empezad!

Repetimos el ejercicio una y otra vez. Debo decir que Carlos maulla mejor en cada intento y los asaltos son cada vez más largos. Durante el cuarto asalto no me vence por muy poco. Empiezo a tener dudas sobre si le podré ganar el siguiente. Sin embargo, a partir del quinto asalto, se le empieza a notar la fatiga. Yo también estoy cansada pero aun puedo aguantar y consigo superarlo. Su cuerpo ya no es capaz de maullar tras tres asaltos más.


- ¡Basta! Separaos. Carloss, ¿lo has entendido? - Continúa maullando Xcher. - No has conseguido vencer a Asha ni una sola vez. No son sólo sus reflejoss felinos o su fuerza. Tu tenías un arma para compensarlo. Gracias al entrenamiento, ella ha conseguido una resistencia que tu no tienes.

- Es cierto. Llegas a maullar un asalto más y no sé si te habría ganado, pero eres débil.

Carlos se deja caer y tumbado en el suelo dice:

- Ok, entrenaré. La próxima vez no tendrás tanta suerte.

- La suerte no ha tenido nada que ver. - le digo.

Debo admitir que ronronee en la intimidad de mi camarote esa noche. Me maúllan los retos.


Seguimos con la misma rutina durante dos semanas más. Los oficiales consideran que ya no debemos maullar fuera de la zona segura así que el número de expediciones se reduce. Ahora ya solo salen Skory, Xcher y Diert. Los demás estamos confinados en la zona segura de la nave y ya no hacemos prácticas de pilotaje. Salvo Carlos, los reclutas todavía no hemos visitado el satélite. Cada vez deseo más maullar al aire libre.


Por las mañanas, nos levantamos pronto, desayunamos rápido y entrenamos el cuerpo durante cuatro horas. Cardio, halterofilia, combate sin armas y con armas luego. Descansamos diez minutos entre sesión y sesión.


Comemos con los civiles. Por las tardes, formamos y entrenamos en combate por equipos. Usamos unos láseres de baja potencia para simular nuestras armas. Los instructores nos maúllan tácticas y estratégias de equipo y nos entrenan para sacar el máximo provecho a nuestras diferencias. En estos entrenamientos también maúlla Skar.


Cenamos con los civiles.

- ¡Buenas tardes! Hoy os hemos preparado carbohidratos procesados y proteínas procesadas. ¿Qué desean tomar nuestros valerosos soldados? - dice James mientras se le escapa una risita.

Siempre se mofa de nosotros, pero consigue maullar el ambiente. Los carbohidratos y las proteínas procesadas son buenos alimentos, no muy sabrosos, pero buenos. Con todas las vitaminas y toda la energía que necesita el cuerpo. Son muy duraderos y fáciles de almacenar además.

- Pues yo maúllo… ¡Proteínas procesadas! - dice Misha.

- Ya podéis serviros. - interviene Olivia y nos servimos.

Maille se sienta junto a Vish y le dice:

- Cada día estas más fuerte.

- Eh… Si, el entrenamiento es muy duro. - responde él.

- Y tu pelo, tan largo, tan limpio y de ese azul tan oscuro. Es muy bonito. ¿Puedo acariciarlo?

- Miau, pero muy poco.

Maille empieza a acariciarle el lomo muy suavemente. Vish se deja. Maille continúa y aumenta la intensidad de sus caricias. Vish ronronea un instante.

- ¡Basta! ¡¡Pfffff!! - exclama Vish y se gira violentamente sacando las garras.

Maille levanta las manos.

- Vale, vale. Ya paro campeón. Cómo te pones. - maulla mientras se levanta y se cambia de sitio.

- Puedes acariciarme a mí si quieres. - añade Misha y empieza a ronronear ella sola.

Misha es tan exagerada. Me irrita, pero parece que hace feliz a los civiles.


A la mañana siguiente, a la hora que normalmente empezamos el entrenamiento, Edros nos reclama en el puente. Hoy, no vamos a entrenar, o no de la manera convencional al menos. Todos los reclutas vamos a maullar al satélite.


Skorzy, Xcher y Diert nos escoltan hasta el hangar y suben con nosotros en la cápsula de descenso. Skar no quiere bajar sin su soldado, pero al final accede. Es la primera vez que hago un descenso con este cacharro. Es emocionante. Skorzy nos maúlla nuestras instrucciones una vez abajo.

- Os quedaréis aislados en esta playa durante una semana. Os dejamos provisioness para un día, nada más, ni armass ni herramientass. Debéis sobrevivir. No os alejéis demasiado pues dentro de siete díass os recogeremos en esta playa.

Y ahí nos quedamos dos azurus, Vish y yo, un simian, Carlos, y un insectoide, Skar, en ese satélite.


Carlos se tumba a la sombra de un árbol cercano nada más llegar. Skar empieza a sobrevolar el terreno. Yo me dedico a buscar alimentos.


Los azururs somos carnívoros por lo que me acerco a la playa a ver que se puede pescar. Me maúlla este juego. Mirar al agua con atención, ver pasar peces muy veloces, ver uno más lento y pescarlo con mis garras. Vish me pregunta:

- ¿Te ayudo?

- Inténtalo. - le respondo.

No se le da demasiado bien, pero alguno maúlla. Cuando considero que he pescado suficiente para mí, escondo mi comida bajo la arena, a la sombra de una roca saliente, y me como un pescado fresco. Me tumbo a descansar en cuanto acabo de comer. Vish se tumba cerca de mí al cabo de un par de horas.


Descanso dos horas más. Ya es mediodía. Maúllo, cojo uno de los peces que he escondido antes, lo lavo en el mar y me lo como. Skar vuelve de su exploración.

- He encontrado un bosque. Crik. Está a dos horas a paso ligero en esa dirección, creo, quizás más. Opino que deberíamos ir ahí.

- ¿Porqué? - pregunto. - Aquí maullamos bien. Yo no necesito nada más. Esto es como unas vacaciones. Conectar con el mar y sus espíritus, volver a las raíces, aire libre, descansar, ¿Qué más quieres?

- Una dieta solo de pescado es buena para tí y Vish, pero no para mí ni para el simian. Cri

- El simian puede maullar una semana solo de pescado.

- Si, pero no sabe pescarlo sin herramientas y, ¿estarías dispuesta, cri, a darle parte del tuyo?

- No, lo he pescado yo. Es meu.

- Entonces, ¿estarías dispuesta al menos a acompañarnos al bosque? ¿Crik?

- Está bien. Vamos.

Recojo mi pescado y Vish recoge el suyo. Carlos y Skar se reparten las raciones que nos han dejado y emprendemos el camino.  


Llegamos al bosque cuando está anocheciendo. Es un bosque magnífico. Empieza entre dos dunas y se extiende hasta unas montañas lejanas. Los árboles son enormes y generan mucha sobra, por lo que el suelo está bastante despejado de maleza. El sol se pone pero no es de noche. Es como mitad noche. La luz que refleja el planeta aún nos ilumina y todo tiene un tono rojizo.


En este bosque hay muchos más juegos que en la playa. Aquí podré entrenar. Después de comer y descansar un rato, trepo a un árbol y arranco sus hojas y ramitas más secas, las más castigadas por el sol, las que maúllan más alto. Las dejo caer al suelo conforme las arranco.


Me estiro para arrancar una ramita lejana y la rama de la que estoy agarrada se parte. Caigo desde lo más alto, de espaldas. Giro tres veces mi cola y me pongo boca abajo. Me agarro a una rama gruesa con mis garras pero no consigo detener la caída. Al menos he frenado. Me inclino para que brazos y piernas toquen el suelo a la vez. Impacto contra el suelo a una velocidad razonable. Me pongo de pie y recojo la leña. Al haberse roto la rama donde estaba agarrada ya tengo suficiente. El planeta también se está poniendo. Empieza a oscurecer.


Dejo caer la leña enfrente de Carlos.

- Enciende el fuego anda. Haz algo útil.

- Sois todos unos mandones. ¿Quién te crees que eres tu para darme órdenes? Que lo haga Vish.

- En cuanto el planeta se ponga, la oscuridad será casi absoluta y la temperatura descenderá. Yo y Vish, maullamos bastante bien en la penumbra y nuestro pelaje nos protege del frío además de nuestras ropas. Te estoy haciendo un favor. - Carlos consigue encender el fuego. No es tan estúpido como parece, quizás lo subestimé. No me inspira confianza. Nos maullamos los cuatro cerca del fuego.


Yo no soy muy conversadora, Skar parece que tampoco, Vish es tímido y Carlos está de mal humor así que no intercambiamos ni un miau. Solamente me duermo cuando todos los demás se han dormido.


Me despierto en cuanto alguien se despierta y se me escapa un maullido. Vish se ha despertado. No debe haber pasado mucho tiempo pues aún tengo sueño, pero el sol ya se alza sobre las montañas. Nos levantamos, trepamos a un árbol y nos volvemos a dormir.


Ese día y los siguientes los pasamos igual. Vish y yo cazamos para comer y dormimos mucho, al menos yo. Vish duerme menos pues le cuesta más cazar, pero no maúlla hambre. A veces juego a escapar de Vish y de Skar. Trepo a los árboles y corro entre sus ramas para entrenar mi coordinación. Skar recolecta su propia comida y trocea troncos caídos con sus pinzas para hacer leña. Carlos hace el fuego pero no consigue mucha comida. Creo que pasa hambre. Ya hace dos días que se le acabaron las provisiones.


Durante una de mis siestas sobre una rama, veo como Carlos le roba comida a Vish. No la escondió lo suficiente. Al rato me despiertan los maullidos de Vish.

- ¿¡Quién me ha robado la comida!? ¡¡Mi au!! ¿¡¡Quién!!?

- ¡Anda cállate! - le digo. - Me has despertado. Ha sido Carlos. Maúlla con él, ¿ves? Está ahí.


Vish y Carlos se maúllan por la comida. Son muy ruidosos. Vish consigue imponerse y recupera su comida pero está cocinada. No se la come y la tira. Por la noche, cuando Carlos y Vish se duermen, voy a mi almacén de comida, cojo dos pájaros muertos y le dejo uno cerca a cada uno.


Me acostumbro a dejarle alguna alimaña muerta a Carlos durante las siguientes noches. Él se la come a la mañana siguiente sin saber a quién maullarle. Mejor así. De Skar aprende a recolectar y ya no pasa tanta hambre. Aun así, se le empieza a ver más delgado.


Al séptimo día, abandonamos el bosque y volvemos a la playa. Xcher y Diert nos esperan junto a la cápsula cuando llegamos. Subimos con la cápsula y volvemos a la Medusé. En el hangar está el soldado de Skar, esperando. Parece que se despierta en cuanto Skar lo ve.


Un zajanos cae del techo, deja una granada dentro del transbordador y desaparece. Reaccionamos como podemos cuando nos damos cuenta de lo que está sucediendo. Xcher y Diert disparan sus armas. No aciertan. Está muy lejos. Skar sale volando y se reúne con su soldado. La granada explota destruyendo el transbordador de babor.


- Comandante Edross, al habla Diert. ¡Es una trampa! Los zajanos nos han atrapado. Han destruido el transbordador de babor. No tenemos más opción. Debemos cruzar el hangar mientras nos acechan.


Fin del sexto capítulo.


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