Relatos

5. El calderano Eriz Dom’jar en... El viaj

Es imposible calcular cuánto tiempo más sobreviviremos. Hace dos semanas que huimos de la estación intergaláctica a bordo de la Medusé. Los motores de salto no están operativos y empiezan a escasear las provisiones. Sobreviviremos o no dependiendo de si podemos reparar los motores de salto a tiempo.


De ello se encarga mi comprometida, Aurea, nombrada oficial científica por nuestro comandante provisional. Los militares pilotan, patrullan y entrenan y los civiles cocinan, limpian o ayudan con las reparaciones. Yo, Eriz Dom’jar, soy el oficial médico pero percibo que he sido relegado a una especie de enfermero y mecánico ayudante.


Yo soy doctor en ciencias biológicas. No soy médico. Es mucho mejor el viridian como tal. Este ser es capaz de sintetizar antibióticos específicos, antiinflamatorios y analgésicos con su propio metabolismo y es capaz de realizar cualquier diagnóstico infeccioso, hormonal o por tóxicos. Yo solo sirvo para suministrar los medicamentos, hacer curas y realizar operaciones quirúrgicas si se diera la ocasión.


Intenté operar al insectoide soldado pero Skar me dijo que no era necesario. Basta con colocar sus órganos internos dentro de su exoesqueleto y alimentarlo. Ciertamente, las heridas del soldado son ligeras cicatrices y está en plena forma a día de hoy.


La mayor parte de mi tiempo lo dedico a ayudar a Aurea con las reparaciones. El joven James pasa mucho tiempo con nosotros, colaborando en lo que puede.

- Este aparato no lo hemos tocado, ¿para qué sirve? - pregunta James.

- Es el ordenador que coordina los sistemas de soporte vital de esta sección de la nave. El soporte vital funciona. Por eso no lo hemos tocado. Nuestra prioridad lógica es reparar los motores de salto. - responde Aurea.

- ¿Cómo funciona?

- Deja que Aurea trabaje. - intervengo. - Yo te responderé. El ordenador soporta una inteligencia artificial programada que controla la presión, la temperatura, la humedad, la composición atmosférica y la gravedad inducida de la sección para que sea habitable. Monitoriza el estado de presurización de la sección además. Este ordenador, junto con otros tres, forman una red con el ordenador central que se puede controlar desde el puente.

- Entonces, ¿la nave se puede manejar desde aquí?

- Correcto. Desde aquí y desde cualquier sala de ingeniería. Con este ordenador y éste en el que estamos trabajando se pueden controlar los sistemas vitales y los motores de la nave. Están programados para seguir las directrices del puente sin embargo. Monitorizar las reparaciones y servir como puente auxiliar en caso de malfunción del puente principal es su función en esta estancia.

- Aquí no se puede hacer nada más. - interviene Aurea. - Debemos desplazarnos a la sala de ingeniería número uno para seguir con las reparaciones. Es necesario manipular el ordenador central.


Se acerca al comunicador de la sala y contacta con el puente.

- Aurea desde la sala de ingeniería número tres.

- Al habla el comandante Edros. ¿Alguna noticia?

- Si señor. Hemos concluido las reparaciones de la mayor parte los sistemas que controlan las velas solares así como otros sistemas de propulsión. Nuestra sección está completamente operativa al menos. Debería desplazarme a las demás salas de ingeniería para concluir las reparaciones.

- ¿Y los motores de salto?

- Inoperativos, señor. Debo ir a la sala de ingeniería número uno, fuera de nuestra zona segura. Solo el ordenador central puede darme un diagnóstico. No puedo concluir las reparaciones desde aquí.

- Está bien, reúnase conmigo en el puente.

- A la orden, señor.


Aurea abandona la sala. James y yo nos reunimos con los demás civiles y empezamos a preparar la cena. Un mensaje del comandante Edros resuena por los altavoces de la nave en ese momento:

- ¡Buen trabajo! Los motores de salto han sido parcialmente reparados. A continuación realizaremos un salto de prueba a un sistema cercano.

Quisiera saber quién ha reparado los motores. No hemos sido nosotros. Puede ser que Aurea… No, no puede. Si ni siquiera ha tenido tiempo de llegar al puente.

- El salto se realizará en cinco segundos. - dice Diert por el altavoz.

La nave saltó.

- El salto se ha llevado a cabo sin ningún contratiempo. - continúa Diert. - Nos encontramos en órbita a Aurigae IV, una de las cinco estrellas más cercanas a Aurigae, a 5.87 años luz de nuestra posición anterior.

James parece decepcionado. Tal vez esperaba un estruendo y una sacudida, pero ya debería saberlo. Saltar no supone ninguna variación en la velocidad de la nave. Es el espacio el que se dobla alrededor de la nave. En un instante estás en un sistema estelar y al siguiente instante estás orbitando otro. No se entra en ningún agujero de gusano ni se supera la velocidad de la luz. Todo esto son cuentos, mitología de civilizaciones antiguas.


Un nuevo mensaje del comandante:

- Se ordena a todos los oficiales que se reúnan en el puente. Repito. Se ordena a todos los oficiales que se reúnan en el puente.

Eso me incluye a mí, así que me dirijo hacia allí. Skorzy y Aurea ya están ahí junto al comandante Edros cuando llego. Diert realiza comprobaciones en la pantalla de control.

- Diert, puedes retirarte.

- A la orden señor. - le responde a Edros mientras abandona el puente.

- Esta es la situación. - empieza Edros. - Los motores de salto no están a pleno rendimiento pero nos permiten saltar a sistemas cercanos. Sin embargo, Aurea informa de que no los habéis reparado vosotros. Esto implica que algún otro lo ha hecho. No pueden haberse reparado solos, ¿verdad?

- Correcto. - responde Aurea. - Quien sea que lo ha hecho es un ingeniero excelente. Yo misma no hubiera trabajado tan rápido.

- En nuestras exploracioness, ni Xcher ni yo hemos detectado nada. - interviene Skorzy. - Suponemos que los zajanoss están malheridos y se han refugiado en el invernadero. Cuando hemos abierto sus puertass hemos podido detectar algunas trampass y minass. No creo que sea prudente entrar pero tampoco creo que ellos salgan, por un tiempo.

- No pueden haber sido los zajanos. Son demasiado jóvenes para tener tales conocimientos. - digo.

- Lo que no es prudente es saltar sin que yo compruebe los cálculos. Podríamos haber colisionado con una estrella. Soy la oficial científica y exijo que se respete mi cargo. -

Aurea sí que sabe hacerse valer. No entiendo porqué se quedó conmigo durante el accidente. Ella, siempre tan fuerte y racional, ¿porqué tomó esa decisión? No fue lógico.

- Tranquila doctora Dom’jar, se la tendrá en cuenta. - continúa el comandante Edros. - ¿Alguna pista sobre dónde puede estar nuestro amigo invisible?

- Debe encontrarse cercano a la sala de ingeniería número uno si ha reparado los motores de salto. - responde Aurea.

- Deberíamos explorar este sistema estelar. Puede que alguno de sus astros contenga alimentos. Nuestras reservas no durarán ni cuatro días más si no las ampliamos.

- Estoy de acuerdo con usted doctor. Por ello, le ordeno que se encargue de la exploración. Pongo a sus órdenes a Diert y a Carlos para este cometido. La sala de ingeniería uno está cerca del hangar, ¿cierto?

- Así es, señor. - responde Skorzy.

- Bien, pues esperaremos a nuestro nuevo amigo aquí, en la zona segura. Si no viene, iremos a por él en cuanto Eriz decida qué astro debemos explorar.


Por fin un trabajo digno de mis conocimientos. Exploro todos los cuerpos esféricos que orbitan esta estrella uno por uno. Encuentro un satélite cercano a la zona habitable que parece contener vida. Es del tamaño de un planeta rocoso medio y orbita un planeta gaseoso de grandes dimensiones. La radiación reflejada por el planeta que orbita aumenta la temperatura del satélite permitiendo la vida en él a pesar de estar fuera de la zona habitable. Su atmósfera compuesta principalmente de nitrógeno y oxígeno es determinante. Informo al comandante y le pido a Diert que ponga rumbo al satélite.


Orbitamos el satélite al cabo de dos días gracias a la propulsión de la velas solares. El comandante vuelve a reunir a los oficiales en el puente.

- Estas son las nuevas órdenes. Skorzy, tu y Xcher debéis escoltar al equipo de exploración y a la doctora hasta el hangar y, luego, a Aurea hasta la sala de ingeniería uno. Eriz, quedas al mando del equipo de exploración, sus vidas están bajo tu responsabilidad, ¿estarás a la altura?

- Con todo el respeto señor, ¿qué pregunta es esa? Los calderanos sabemos dirigir sin necesidad de coaccionar. Tal vez sea usted quien aprenda una lección.

- ¿Qué es lo que no entiende? Yo soy el responsable de poner la vida de esos hombres en sus manos. Es mi deber asegurarme de que sabrá actuar. No me ha respondido, ¿puede hacerlo?

- Desde luego.


Me comunico con Diert y Carlos y les ordeno armarse, tomar sus comunicadores y recoger algunas provisiones. Preparo mi laboratorio portátil, mi computador de mano y mi comunicador. Me reúno con todos los demás en la puerta de babor. Salimos de la zona segura.


No debemos exponernos demasiado aunque los zajanos estén malheridos. Nos dirigimos al transbordador andando a velocidad normal, pero en completo silencio. El transbordador nos lleva por el lado de babor hasta el hangar.


El hangar está objetivamente sobredimensionado. Posee diez cápsulas de descenso y veinte cápsulas de escape. Las cápsulas de descenso son una tecnología antigua, de antes del teletransporte. Una manera simple, ineficiente y peligrosa de descender a un astro, pero eficaz. Constan de dos módulos, uno encima del otro, unidos por un cable flexible y capaz de soportar grandes tensiones.


Nos despedimos de Aurea, Skorzy y Xcher y nos montamos en una de las cápsulas de descenso. Pedimos al comandante Edros que tome una órbita geoestática sobre las coordenadas establecidas. Cuando confirma nuestra posición le pido a Diert que nos saque fuera de la Medusé. Diert pilota la cápsula y salimos del hangar. Le pido que mantenga constante nuestra posición relativa detrás de la Medusé. Al perder toda aceleración, perdemos la sensación de gravedad. Advierto a Diert y a Carlos que comprueben sus arneses de seguridad. Introduzco en el ordenador de la cápsula los datos necesarios, altura, intensidad del campo gravitatorio y gradiente de presión atmosférica, y activo el sistema de descenso.


Una fuerza nos empuja hacia los respaldos de nuestras sillas. La parte inferior de la cápsula, donde estamos nosotros, desciende a gran velocidad hacia el satélite. La parte superior se aleja del satélite a la misma velocidad que nosotros nos acercamos a él. Los sistemas de propulsión de ambas partes se encargan de mantener su velocidad angular constante. Conforme más bajamos más aumenta nuestra velocidad de caída.


La fricción de la atmósfera empieza a frenarnos. Ahora una fuerza aparente nos empuja hacia nuestros arneses. Se activan los frenos de la nave para seguir reduciendo nuestra velocidad de caída cuando alcanzamos la velocidad límite. La cápsula se detiene a dos metros del suelo. Estamos colgando del cielo literalmente.


Abrimos las compuertas y anclamos la escalera. Hemos descendido en una extensa playa de arena verde frente a un mar turquesa. La vegetación cubre las dunas hasta el horizonte enfrente de nosotros. La vista merece la pena describirla como preciosa. Las nubes toman un color rojizo por la luz que llega reflejada del planeta sobre un cielo azul intenso. El sol se ve pequeño en su apogeo y el planeta, medio oculto, parece seis veces mayor que él. Incluso el cable de la cápsula entona una melodía debido a la fricción del aire.


El lugar no parece estar habitado por ninguna civilización floreciente. En una primera exploración no detectamos ningún indicio, ni humos, ni navíos, ni caminos, nada. De un primer vistazo, consigo catalogar las cinco frutas y verduras más abundantes y nutritivas y tres seres marinos fáciles de pescar, un pez, un molusco y un crustáceo. Ordeno a los robots recolectores que recojan los alimentos catalogados y los guarden en la cápsula.


Los robots se ponen a hacer su trabajo. Tardarán aproximadamente cuatro horas en llenar los frigoríficos. Yo continúo con mi tarea de catalogar todo ser vivo desconocido. Esta es una tarea interminable en un planeta nuevo. Redacto descripciones, tomo muestras y las analizo con mi laboratorio portátil. Ya he descubierto un par de especímenes venenosos y alguno medicinal. Añado el espécimen al catálogo de recolección de los robots cuando descubro alguno interesante.


Diert y Carlos montan guardia mientras los robots y yo trabajamos. Carlos parece muy relajado.

- Me aburro. En esta nave solo sabéis obedecer órdenes. - dice Carlos. - sois unos rayaos.

- Es lo que hay. Si no te gusta, piérdete en este satélite y disfruta de la vida. - le responde Diert.

- Joder. Con vosotros los razors no se puede bromear. Solo intentaba relajar el ambiente. ¡Maldito viejo!

- ¿¡A quién llamas viejo!? ¡Niñato!

- ¡Basta los dos! - intervengo. - Esta situación no es cómoda para nadie pero si nos comportamos civilizadamente puede ser más llevadera.

- ¡No es cómoda para vosotros! Yo estoy acostumbrado a situaciones peores. - exclama Carlos.

- Cesa las hostilidades verbales por favor.

- ¿O qué? ¿Qué vas a hacer?

- Si no detienes este enfrentamiento le pediré a Diert que te reduzca e informaré al comandante de tu insubordinación. Tal vez decida encerrarte con el vorbón unos días.

- Está bien… Ya me callo.


He tenido que usar mi autoridad y la del comandante. He aprendido la lección. La coacción es una herramienta desagradable pero imprescindible a veces. Las horas siguientes las pasamos en paz. Incluso tenemos tiempo para disfrutar de la playa y bañarnos. Una vez resuelta la tensión, nos relacionamos adecuadamente. Parece ser que hay gente que necesita límites autoritarios. Esto no suele pasar en nuestra cultura.


Recogemos nuestros instrumentos y nos disponemos a ascender una vez la cápsula está cargada. La cápsula empieza a recoger cable y subimos como si se tratara de un ascensor. El proceso es lento y tedioso. Tardamos más de cinco horas. Carlos se echa una siesta y Diert parece muy ocupado mirando la pantalla de control. No sé a qué tanto esfuerzo, no hay nada que hacer más que esperar.


Al llegar arriba, la parte superior y la parte inferior de la cápsula se acoplan. Diert pilota hacia el hangar y aparca. Salimos de la cápsula y transportamos todas las provisiones hasta el transbordador más cercano. Mientras estamos en el transbordador contacto con el puente e informo al comandante.

- ¡Bien hecho! - responde. - Scar y el soldado os esperarán a la salida del transbordador para escoltaros a la zona segura. Recibiréis más instrucciones.


Nos reunimos con Scar y su soldado y nos movemos hacia la zona segura transportando el cargamento. Se encienden los altavoces de la nave. Es la voz del comandante Edros.

- A todos los tripulantes de la Medusé, reúnanse en el puente. Tenemos un nuevo amigo que presentar.


Llegamos al puente. Nunca había visto a uno de ellos hasta ahora. Una máquina tan perfecta, tan compleja, que es capaz de albergar consciencia de sí mismo. Una inteligencia artificial no programada. Un machina sapiens.


Fin del quinto capítulo.


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