Relatos

2. La zajana Kela y la viridian en... La huida

Gracias hermanos. Sentimos que están aquí. Sois un lugar bonito. No quiero, pero debo irme de vosotros. Vendrán a por mí, no a por nosotros. Vosotros seréis ignorados, solo tomarán vuestros frutos. Me darán caza para que deje de vivir.


Necesito irme. Ayuda hermanos.



- ¡Esto es una vergüenza! Grrrr. ¡Así nunca seremos cazadore’! - dije mientras golpeaba a Org y Krul con una rama. - Al final me veré obligada a mataros y volver con vuestros cadávere’.


Hacía dos semana’ que estábamos en la estación intergaláctica de Aurigae. Estábamos huyendo de nuestro clan. Nos colamos como polizone’ en una nave razor y conseguimos llegar a la estación.


Los razor’ son sabios, están entrenados y son peligrosos, pero también son un poco “lentos”. Cuando se dieron cuenta que alguien se había colado ya nos habíamos ido. De habernos pillado nos hubieran matado. Gracias a nuestro talento para la caza supimos escondernos y acechar. Matamos a dos cuando abandonamos su nave. Lástima que no pudiéramos llevarnos sus cadávere’, hubieran sido prueba suficiente de nuestra valía.


Tenemos esa edad en la que nuestros padre’ dejan de protegernos de los demás cazadore’. Somos zajano’. Si no cazas, no eres cazador y si no eres cazador, eres presa, y todo zajano tiene derecho a cazar una presa. Cazar animales con tus propias mano’ es un juego de niño’ para cualquier zajano. Una presa digna de un cazador debe ser inteligente y astuta o, por lo menos, una bestia gigante y peligrosa. Como la mayoría de los niñato’ de nuestra edad, huímos para cazar y volver con un trofeo digno o morir en el intento.


Dos semana’…


Dos semana’ esperando una ocasión. Nuestro plan era esperar una nave que fuera a la vez un blanco fácil y un trofeo digno, matar a todos sus tripulante’ y usar la nave para volver con nuestro clan. Por desgracia, el día que llega la nave ideal sucede el accidente de los sapo’.


Justo ese día, una nave de los azuru’ había parado en la estación intergaláctica. Eran azuru’ jóvenes, sin protección de adultos. Una presa fácil pero digna. Abandonaron la nave para dedicarse a gozar de los placere’ que ofrece la estación. Cuando volvieran, nosotros nos colaríamos y cuando la nave despegase, les cazaríamos. Pero entonces llegaron los sapo’ psíquicos.


Estos sere’ despiertan mi ira. ¡No es posible cazarlos! Y no porque sean astutos o peligrosos, ¡estúpidos sapo’! Es que no puedes mirarlos. Puedo matarlos pero no son una presa digna. Además, por muchos que mate, no puedo tener la seguridad de que al abrir los ojos no quedaré hechizada por uno de ellos. Para más fastidiar, cuando se rompe el hechizo una sensación de placer te inunda debilitando el espíritu de cazador.


Entraron en la estación justo al lado nuestro, de repente, chocando contra una nave reptiliana. Con la colisión, ambas nave’ quedaron prácticamente destruidas y los sapo’ quedaron libres por ese hangar de la estación. No pudimos evitar verlos.


Cuando despertamos de su hechizo, estábamos enfrente del hangar de la Médusé, una nave que tienen expuesta en la estación, una reliquia de hace siglo’. A los pocos segundo’, la alarma se detuvo y el protocolo contra invasione’ de sapo’ se dió por finalizado. Supuse que todas las nave’ habían partido y decidí que nos refugiáramos en el invernadero de la Médusé. Allí tendríamos comida para tiempo y quien sabe, tal vez encontráramos alguna presa. Desde entonces estábamos aquí y mi cabreo iba en aumento.


- ¡Tranquila! Encerrados aquí podemos esperar año’ Kela. - dijo Org - Las nave’ volverán en tres o cuatro año’, cuando los sapo’ mueran, y podremos reanudar nuestro plan.

- ¡Pero ya seremos viejo’ maldito inútil! ¿Te ha afectado el hechizo de los sapo’? ¿Quién querrá aparearse con alguien que logra ser cazador a los doce año’? Ya no valdrá con cazar a unos pocos azuru’ jóvenes, no. Si queremos descendencia digna, tendremos que acabar con una reina insectoide como mínimo. ¡Groar! ¡Qué vergüenza!

- Espera Kela, creo que mis sensore’ detectan algo. Algo dentro del invernadero emite en radiofrecuencia’ y se mueve en esa dirección. - dijo Krul mientras señalaba.

Lo comprobé, era cierto.

- Está bien criajo’, allí hay algo. Puede que no sea nada, un robot sin conciencia, pero también puede ser un machina sapiens o un reptiliano, una presa digna. ¿¡Quién quiere cazar!?

- ¡¡Cazar!! ¡¡Cazar!! ¡Grrrrr! - respondieron ambos.

Y nos pusimos en camino.


Caminamos a paso ligero durante un par de horas. El invernadero de la Médusé es muy grande, todo un ecosistema. Es un bosque habitado por animales extraños procedentes de todos los rincones de la galaxia. Ahora se usaba de zoológico. Antes había servido para dar alimento de manera indefinida a toda la tripulación de la nave. La Médusé estaba diseñada para unos veinticinco mil simian’. Nuestros sensore’ indicaron que el origen de la señal estaba próximo.


A partir de entonces nos movimos acechando, escondiéndonos en las sombra’, sigilosos y con todos nuestros aparato’ de comunicación desconectados. Solo alguien con visor térmico que mirase en nuestra dirección podría detectarnos. Por eso nos movemos separados. Cazamos en solitario. Un solo individuo bien entrenado se coordina mucho mejor que cualquier grupo o batallón. Cercábamos a nuestra presa.


Estaba preparando mi trampa gravitatoria cuando la ví. Era una viridian. Por eso no distinguimos la radiación que emite su cuerpo enmedio del bosque. Era un árbol la muy bastarda. Ella no me había visto.


Me acerqué sigilosamente. Debió percibirme pues huyó. Gruñí y la perseguí con toda mi furia, ya casi era mía. Justo cuando estaba a punto de saltar sobre ella, al apoyarme para coger impulso, el tronco sobre el que estaba subida cedió con un crujido y caí, torciéndome el tobillo. Por el dolor parecía que me lo había roto.


Intenté perseguirla pero no pude seguir su ritmo. Disparé mi arma pero una viridian en un bosque no es un blanco fácil. Se dirigía a la posición de Krul cuando la perdí de vista. A los pocos minuto’, mis sensore’ dejaron de detectarla. Pensé que Krul o Org la habrían abatido.


Me arrastré hasta donde suponía que debía encontrarse Krul. Vi sus huellas y las seguí. Finalmente le encontré ayudando a Org a salir de un foso.

- ¡Qué demonios habéis hecho! ¿La habéis dejado huir?

- Menos, ¿eh Kela? Grr. Hemos oído los disparo’. Sabemos que tú la dejaste huir primero - respondió Krul - y nosotros no nos hemos lesionado.

- Pero venía hacia vuestra posición, ¿qué os ha pasado?

- Yo me hundí en un foso mientras la acechaba. Juro por la caza que miré donde ponía los pies, pero las raíces que pisaba se abrieron. - dijo Org

- Yo ví como venía hacia mí desde mi posición sobre un árbol. Cuando pasó por debajo salté para emboscarla pero quedé atrapado en un enredo de liana’. Me liberé pero ya era tarde.

- Ya no emite ninguna radiación distinguible. ¿Dónde se habrá escondido? - pregunté.


Pasaron los minutos. Seguimos buscando a nuestra presa sin ningún resultado. Ningún rastro. De repente, el suelo empezó a vibrar. Parecía como si la nave tratase de arrancar. Tal vez alguien a bordo sabía cómo hacer funcionar la nave y esto era bueno, nos daba una opción. Cuando estuviéramos en el espacio abierto, podríamos cazar a los tripulante’ y volver con nuestro clan. De momento, una presa huida me impedía centrarme en otra cosa que no fuera darle caza.


Los sensore’ volvieron a reconocer su señal. Se había alejado bastante. Ordené a Org y Krul que corrieran hacia su posición, se estaba acercando al borde del invernadero. Al rato volvieron con la cabeza baja y sin trofeo.

- Ha escapado. - dije.

Asintieron.

- Cruzó la puerta de salida justo antes de que se bloqueara y se presurizara el invernadero. Estamos atrapados. - dijo Org.

- No sufráis chavale’. Grurr. Alguien ha conseguido hacer funcionar esta nave. Nuestra ocasión llegará pronto. ¡Talaremos todos los árbole’ de las puerta’ y colocaremos nuestras trampa’!



Andar ayudado por las ramas de mis hermanos. No es fácil convencer al tronco caído de que se pudra. Las lianas no quieren soltarse. Los árboles se niegan a reblandecer sus raíces. Hablamos y el tiempo pasa. Las hojas del suelo son las primeras en ofrecerse. Poco a poco mis hermanos se convencen. Les prometo que nuestro sacrificio no será en vano. Me siento amada. Tengo miedo.


La cazadora está detrás de mí, lo sentimos. Correr y ser perseguida, el bosque no conoce eso. El tronco cumple su promesa. Gracias. Un cazador es atrapado por las lianas cuando me muevo debajo suyo. Al otro lo hunden las raíces. Seguir corriendo.


Apagar los aparatos, quedarme plantada como cualquier otro hermano. Las hojas del suelo me deslizan por la pendiente. Encender aparatos al llegar abajo y correr. La persecución se reanuda y el bosque la comprende. Salgo a la soledad y las puertas que me separan de mis hermanos se cierran. ¿Suerte?


Un ruido fuerte mueve el lugar. Tras horas en soledad, me encuentro al niño y al viejo. Enviar mensaje “hola”. El niño mira su comunicador y responde:

- Hola, ¿eres una viridian? ¡Que pasada! Siempre había querido conocer una. He aprendido mucho sobre vosotras en las clases de historia. Sois una simbiosi de cuatro plantas, un musgo y un líquen, y solo os podéis mover y comunicar usando tecnología, ¿verdad?

Enviar mensaje “si”.

- Tarda un poco en responder, ¿no?

- Ten respeto por tus mayores. - le dice el viejo al niño.

- Acompáñanos por favor, ven a conocer al resto.

No siento amenaza, son amigables. No es como el amor del bosque, aceptación si. No quieren cazarme. Enviar mensaje “si”. Enviar mensaje “cuidado, cazadores en el bosque”.


Fin del segundo capítulo.


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